Las Huellas del Urbanismo Neoliberal que Aportaron al Estallido Social

Desde el retorno a la democracia, el año 1989, la ciudad de Santiago de Chile ha vivido y crecido silenciosamente bajo el amparo de fuertes políticas urbanas neoliberales, que han dado como resultado una ciudad extensa, segregada y llena de sentimientos de desigualdad social.


Durante los 30 últimos años, por donde han pasado siete gobiernos de distintos bandos políticos, la ciudad de Santiago ha sufrido importantes transformaciones en la estructura urbano producto de este tipo de políticas. Entre ellas destacan la creación de ciudades satélites bajo la implementación de Zonas de Desarrollo Urbanos Condicionado (ZODUC) para impulsar el poblamiento en el sector norte y poniente de lo que era el Gran Santiago de Chile. También, y producto del anterior, se han impulsado grandes construcciones de autopistas concesionadas para dar accesibilidad tanto a estos nuevos barrios satelitales cómo a nuevos barrios marginales al sur de la ciudad. Junto con lo anterior, el año 2007 se implementó el Transantiago, sistema de transporte público basado en el modelo de Bus Rapid Transit (BRT), que generó un colapso en el sistema de transporte tras su puesta en marcha y que hasta el día de hoy presenta falencias en los recorridos, flujo y calidad de servicios. Si bien, ha habido impulsos para disminuir la desigualdad social, el impacto de estas han sido menores o negativos.


Para poder comprender la segregación social y territorial, las comunas con mayor tasa de pobreza en la Región Metropolitana son Cerro Navia, ubicada al extremo poniente, y La Pintana, en el sur de la región, con 30% y 35% respectivamente (Agostino, 2017). Por otro lado, las comunas con menores tasas de pobreza urbana son Vitacura, Providencia y Las Condes, con tasas de pobreza de 1,4%, 2,5% y 3,4% respectivamente (Agostino, 2017), todas ubicadas en el sector oriente de la ciudad. Esto implica que los desplazamientos de la población más vulnerable para ir desde su hogar a su lugar de trabajo, en su mayoría localizados en los barrios más adinerados, es a lo menos de 2 horas.

Durante el presente año, y previo al día 18 de octubre en cual comenzó el estallido social, se escuchaba hablar de futuras políticas de sustentabilidad ambiental producto de la conferencia COP 25 programada para el mes de diciembre, evento finalmente suspendido. En paralelo se realizaban múltiples exposiciones sobre la Smart City como ciudad gran objetivo tanto para Santiago como las demás regiones del país.

Si se observa en retrospectiva, durante los últimos años las megas intervenciones aplicadas bajo el amparo de políticas urbanas no han hecho más que construir una metrópolis con una enorme desigualdad social y territorial, ya sea por principios neoliberales o por iniciativas enfocados a disminuir la brecha sin éxitos. Por otro lado, se ha trabajado mucho en la imagen país a partir de problemáticas y objetivos globales perdiendo la perspectiva local.


Cabe ahora preguntarnos, cual es nuestra imagen país desde una perspectiva local? Es hora de hacer un cambio, dejar que hacer políticas top down con grandes intervenciones en la trama urbana que no hacen más que extender la ciudad y construir barreras, favoreciendo la segregación, en desmedro de la población más vulnerable. Es hora que las infraestructuras urbanos sean de igual calidad e impacto en el entorno en los distintos barrios, sin importar el grupo socioeconómico que está circunscrito. Por último, es hora de conocer lo que realmente quiere y necesita la población, a través de urbanistas que aporten con criterios técnicos de orientación, perdiendo las creencias de que a través de un proceso participativo se pierden los objetivos sino que entendiendo que desde la construcción del interés común se construye una ciudad más equitativa.

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